"Yo tengo la obligación de ser optimista, porque soy militante política y creo que puedo cambiar las cosas" Cristina Fernandez de Kirchner
"Al enemigo siempre se lo ve grande, si se lo mira de rodillas" J. de San Martin
"El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza" Arturo Jauretche
"La organización vence al tiempo" J. D. Perón
Quien no tenga esperanza, desconoce, o no recuerda la situación en que se encontraba el país en general y el Peronismo en particular a fines de los 90, principios de los 2000.
En ese entonces, ser optimista, parecía estúpido, hoy ya tenemos la experiencia de que esa realidad penosa se podía cambiar. Los dirigentes del Peronismo, al igual que los de cualquier espacio político, no podían caminar por la calle, estaba desacreditado todo el sistema político, judicial y mediático.
Durante los noventa, bajo el reinado del "Consenso de Washington", se impuso la traición a nuestros principios, con el pretexto de que los que reaccionaban "se habían quedado en el 45".
El Peronismo era solo un recuerdo nostálgico de los trabajadores, nada hacia pensar que aun estaba vivo, y sin embargo aquel 25 de mayo de 2003, cuando asume Néstor Kirchner la Presidencia de la Nación, todo comenzó a cambiar, y felizmente las banderas del 45 volvieron a flamear.
El Peronismo e inclusive la misma Nación, estuvo en peligro, su vigencia y existencia parecía una quimera en ese entonces. Hoy tenemos disputas internas por la Conducción del espacio, pero nadie cuestiona seriamente nuestras banderas. Cualquier dirigente Peronista que pretenda hacerse de la conducción sabe que no puede renegar de la Justicia Social, la Independencia Económica y la Soberanía Política.
Las organizaciones que forman parte de nuestro amplio movimiento, aun con sus bases militantes debilitadas en esta coyuntura, están funcionando con mayor o menor grado, y las dirigencias aun sin definir estrategias ni dirimir las internas, están activas y tienen claro que la única salida posible a esta triste realidad es retomando nuestros principios doctrinarios, poniendo al ser humano en el centro de nuestras preocupaciones.
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