Entramos en Octubre, mes de quilomberos diría un reconocido comunicador popular (Pancho Muñoz), y lejos de las epopeyas propias, aparecen difundidas por todas partes las costumbres llegadas sin digerir del norte global, del centro del poder mundial.
No se puede defender lo que no se ama, y no se puede amar lo que no se conoce.
Para entrar en la cuestión, hay que empezar por esa frase, y seguir con otra de Jauretche: "si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende". Y hoy, mientras estamos en el momento mas ridículo de nuestra Historia, es cuando tenemos al mayor exponente de la entrega nacional jamas visto ocupando la presidencia de la Nación.
No es ilógico que este sea el resultado (que no sucede solo en nuestro país) de una política persistente de exportación/imposición cultural anglosajón, que ya lleva mas de 200 años. La prepotencia a través de distintos métodos, a veces violentos, y las mas de las veces comerciales y marquetineros, nos tienen en esta realidad que fue muchas veces advertida, donde comemos, vestimos, viajamos, reímos, festejamos, lloramos, casi casi por los mismos motivos, y de las mismas formas, que ellos, usamos su idioma, escuchamos su música, pagamos con sus billetes, y ahí está la clave.
Hollywood fue fundamental, el rock también, las drogas, la "libertad", tuvieron la habilidad de engancharnos con sus mejores productos culturales para desculturizarnos, para perder nuestra identidad, y terminar entregando lo nuestro.
La auto denigración, la baja autoestima, la moral por el piso, la tristeza sin esperanza, es caldo de cultivo para perder defensas.
Este proceso avasallante de invasión cultural, sobre las naciones de occidente, extendida a gran parte del resto del mundo ante la caída de la Unión Soviética y luego facilitado con los avances tecnológicos en materia comunicacional, nos condujo a esta era global, que como Perón nos anunciaba en el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, nos iba a encontrar unidos o dominados, y nos advertía que esta globalización, que era inevitable y denominaba Universalización, debíamos afrontarla dotados de una identidad que nos permita integrarnos defendiendo nuestros intereses, por ello es que allí sumó a nuestros principios doctrinarios el Nacionalismo Cultural y la Unidad Latinoamericana.
Mientras las potencias mundiales, financian y promueven su actividad cultural, los sucesivos gobiernos cipayos en Latinoamérica, siguiendo las recetas imperiales a través de los organismos financieros internacionales, recortan esa inversión con la excusa de la austeridad fiscal, lo que ellos denominan gasto, acusan como único causante de la demonizada inflación, mas allá de esa falsedad, ya que la inflación es multicausal, no deja de ser una vil excusa para perder identidad, y así nuestros anticuerpos.
El Movimiento Antropofágico surgido en Brasil en la década de 1920, se transformó en una corriente artística Latinoamericana que consistía en devorar la cultura extranjera para digerirla, fusionarla con nuestras raíces, y transformarla un producto cultural propio, autónomo. Ese es el modelo sano de integrarse al mundo cultural, y no lo que terminó ocurriendo, que es el pensamiento único, la adopción acrítica de la cultura importada, aunque parezca inocente.
Cualquier pibe de los grandes centros urbanos de nuestro país, sabe que a fin de mes se festeja Halloween (festejen o no), cuantos saben que pasó un 8 de octubre? o un 9, o un 17, por hablar de este mes, que diríamos de conocer que pasó en Punta Quebracho, donde queda y que hay ahí hoy en día...
El desequilibrio en el acceso a la información, a la difusión de actividades culturales, la masividad de las grandes corporaciones relacionadas a la comunicación global, la dominación de los tecno-feudales sobre nuestras agendas, es algo nunca antes experimentado. La resistencia ante este panorama es titánica.
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